Hoy soy una nueva yo.

Un tanto perdida, pero con grandes alas nuevas para sobrevolar el espacio y aprender a distinguir hacia donde avanzar y para donde ni intentarle.

Aún me cuesta reconocer bien el terreno; de repente mis ojos se posan en lugares que parecen ser los adecuados, que prometen darme la felicidad o la calma, el gozo o el sosiego, para luego descubrir que eran sólo espejismos en un desierto y entonces continuar mi viaje.

Entre mis alas revolotean las dudas: tal vez los oasis maravillosos no existen como tal. O quizá mi cuerpo y mi alma no están aún preparados para encontrarse con una de esas maravillas.

Tal vez aún me falta un gran tramo de arena, de mar, de espacios abiertos y espacios cerrados por explorar. Tal vez sea ahora cuando la excursión comienza, lo anterior fue tan sólo una preparación para lo que me espera. 

¡Sí, que me espere! Que me dé tiempo de encontrarle sin prisas, de disfrutar del sendero, de volar.

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