Ésta es la cuarta vez que cumplo treinta años, ¡la cuarta vez! Es increíble cómo pasa el tiempo y todo lo que con él se lleva.

La primera vez que cumplí 30 estaba igual que ahora, soltera y sin compromisos. Poco después de eso me enamoré y viví una de las más hermosas etapas de mi vida. Hoy, cuatro años después, puedo decir que estoy feliz de tener 34 y no 30, porque me ha pasado de todo y todo ha pasado sobre mí. Y aquí estoy, entera.

Recuerdo cuando me preguntaban si me había separado, ¡cómo odiaba esa frase! Separarme, como si me hubiera desmembrado y estuviera inconclusa. No negaré que en su momento sentí resquebrajado el corazón, las entrañas, incluso un poco la cordura. Pero no, no estaba separada.

Hoy sé que, al igual que los músculos, el alma también se tiene que rasgar un poco y hacer uso del tiempo para volver a sanar, y crecer cada vez más fuerte y hermosa. Hoy sé que el mayor acto de amor no es aferrarte a quien amas, sino ayudarle a hacer sus maletas cuando lo que quiere es irse y desear desde el fondo de tu corazón que encuentre lo que sea que haya ido a buscar.

Hoy sé que quien te ama esconde un pastel en el refri para dártelo al despertar el día de tu cumpleaños y quien no te ama tampoco tiene la obligación de hacerlo. Y que a ambos hay que agradecerles y que el pastel hay que disfrutarlo.

Hoy agradezco a la vida por cada uno de mis 34 años, porque hoy más que nunca, sé que nunca me he separado.

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