birth

¡Felicidades! Cumples diez años de haber escapado de esa prisión que tú misma creaste. ¿Recuerdas lo mucho que te costó salir?, ¿todas las mentiras que te inventabas para no moverte?, ¿las madrizas que aguantaste para que, según tú, no te doliera la soledad?

Yo sí me acuerdo de todas las veces que dejamos de ver a mamá para que no notara el moretón en el pómulo que ese cabrón nos dejó porque una mañana amaneció de malas o una tarde el automóvil no encendió. Mis ganas de salir corriendo y tu cobardía ante tantas chingaderas, como aquella madrugada en que me juraste que «ahora sí, te juro por dios que ya nos vamos para siempre», mientras que él dormía bajo el efecto del alcohol y la certeza de que tú, su cajerito automático con vagina, jamás lo dejaría…

¡Maldito insomnio! Rascándome la garganta puntual a las tres de la mañana. ¿Y este cabrón a qué hora habrá llegado? Apesta a cognac y putas, como siempre. Pero al rato sí lo voy a mandar bien a la chingada y a ver qué hace porque conmigo ya no va a jugar. Se le acabó su mensa.

El día de la cartita de amor lo disculpé porque, como sea, era su cumpleaños. ¡Pinche carta toda llena de faltas de ortografía! No sólo le gustan más chiquitas, además ignorantes. ¡Chamacas tontas! Si supieran que quien les paga la peda soy yo. Este cabrón no tiene ni madres.

Bueno, madre sí tiene, y un chingo. ¡Vieja alcahueta! “No Flaca, si mi hijo sólo tiene ojos para ti. Nunca falta la lagartona que quiere metérsele pero él ni caso les hace”, y luego me enteré de que hasta invitaba a comer a su casa a las “lagartonas”.

¡Qué ganas me daban de armarle soberano desmadre! Nada más que era día del papá y ni modo de aventarme una escena con toda la familia recordando que el susodicho se les escapó con la sirvienta. ¡No aguantan nada! Ya ni yo, que mi padre nos dejó en cuanto salí del cunero.

Ese sí que me jodió desde el principio; mis medias hermanas dicen que crecí mejor sin él y sus ataques de histeria, pero las veo casadas con tipos que no se le parecen y yo en cambio me busqué uno igualito: alcohólico, neurótico y encantador. La combinación ganadora. Como que entre más se le parecen al primer hombre que me abandonó más ganas me dan de aferrarme a sus costillas.

¡No mames, ahora hasta ronca! Debí mandarlo al carajo antes del Halloween de la oficina, ¿pero cómo iba a llegar vestida de Morticia y sin Homero? Todos preguntarían por él y yo sin saber qué inventarles. Ni modo de decirles que le encontré el ticket de pago de un motel y luego echarles la historia de que si ya estaba muy pedo y prefirió no poner en riesgo su vida al volante.

¡De veras que me paso de pendeja! Pero ahora sí, esta vez es la última. Nada más que pase Navidad porque ya le compré su regalo.

Tres y media de la mañana y este cabrón sin saber que ya se va a ir mucho a la chingada.

…Y así me tuviste, ¿cuánto?, ¿cinco años?, ¿tres decenios?, ¿toda una vida?

Hasta aquel ocho de mayo en que te jalé del brazo y te dije: «Déjalo todo, sálvanos antes de que ya no haya nada qué rescatar, ¡salta al vacío, chingada madre!, ¡va a doler mucho, pero vamos a estar bien!»

¡Hace ya diez años! ¿Puedes creerlo? Yo a veces no tanto; todavía hay noches en que ese cabrón se me mete en los sueños y despierto con un nudo en las tripas y una mano oprimiéndome el esternón.

¿Recuerdas lo bonito que fue descubrirnos enteras sin él? A mí no se me olvida nunca y hoy te quiero dar las gracias por haberme escuchado, y felicitarte mucho por estos diez años de vida. ¡De verdadera vida! Gracias por salvarnos y felicidades por creer en ti.

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4 comentarios en “Felices diez años

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