gato

La depresión tiene muchas formas. La mía por ejemplo se parece al Gato de Cheshire; con su enorme sonrisa burlona, su insoportable intermitencia y sus cuestionamientos filosóficos. No se cansa nunca, aunque a veces se sienta en una esquina del librero a regodearse ante mi autoengaño de persona feliz.

Sí, los depresivos como yo somos personas alegres, las más alegres que puedas conocer; estamos todo el tiempo activos, al grado de ser confundidos con personas obsesivo-compulsivas; preferimos pasar una hora entera tallando con cepillo de dientes cada una de las separaciones entre un azulejo y otro, antes que sentarnos a contemplar la nada y permitir que los pensamientos fatídicos nos atrapen.

Un depresivo como yo jamás te dirá que está muy triste, que la vida no vale nada o deberíamos matarnos de una vez. Por el contrario, siempre te mostrará el lado positivo de la historia e intentará que rías junto con él de la miseria.

Los depresivos no toleramos a los mártires; esa gente que va por ahí exhibiendo sus tragedias nos parece por demás insoportable. Por eso nosotros escribimos, viajamos, comemos, hacemos teatro; porque es más fácil interpretar el dolor ajeno que afrontar el propio.

Nos perdemos de las cosas simples de la vida porque casi todas requieren de un grado de relajación que nosotros, los depresivos, no podemos permitirnos. Nos sabemos siempre en el filo del barranco, a un paso de dejarnos caer hacia la oscuridad, rozando con las puntas de los dedos la línea que separa nuestro llanto más común, de la inmovilidad atroz y pacífica de la muerte.

Los depresivos no somos personas fáciles; vivir con nosotros puede resultar exhaustivo, pero también reconfortante, pues siempre sabremos qué decir para aliviar tu dolor: justo aquello que nos diríamos a nosotros mismos si tuviéramos el valor de enfrentarlo.

La depresión tiene muchas formas; la mía se mueve, camina a mi lado, se arrulla en mi canto de adulta funcional y despierta con el sollozar de mi niña abandonada, me sube a un columpio imaginario y me mece con suavidad hasta que olvido su existencia, se evapora y luego un día cualquiera vuelve a aparecer con su sonrisa insoportable y su ronroneo cotidiano. Ella es mi Gato de Cheshire.

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Un comentario en “Gato de Cheshire

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