feliz

Soy una niña de cinco años viviendo en el cuerpo de una mujer de treinta y ocho. Me levanto cada mañana preguntándome qué será de mí hoy, cómo enfrentaré los chingadazos. Luego recuerdo que ya soy una adulta y no hay nadie que pueda hacerme daño.

Tengo un trabajo que me encanta, donde aprendo todos los días algo nuevo y me enamoro de letras que ni por asomo se parecen a las mías.

Me rodeo de personas maravillosas, con sonrisas que suenan a cascabeles en vuelo, con miradas que dicen aquí estoy si lo necesitas, con ganas de transformar el mundo.

Me dejo sorprender por las pequeñas alegrías de la vida; una lámpara, un whisky y un buen libro, una tarde sin lluvia en esta ciudad de clima tan voluble, un té y una frazada en el silencio de una mañana de domingo.

Me acurruco en la certeza de las pocas cosas que creo poder controlar y me burlo un poco de mí cuando me descubro creyendo que puedo controlar algo.

Despierto cada día protegida por un par de brazos amorosos que me cobijan la vida, los llantos y las ausencias, por unos ojos que me gritan te amo, que me susurran te amo, que me hacen sentir hermosa con el pelo alborotado y el rostro aún hinchado de tanto dormir.

Soy una niña de cinco años que por fin encontró un hogar dentro de esta mujer de treinta y ocho años.

 

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2 comentarios en “Treinta y ocho años

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